Ideología

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  No ha habido momento más complejo ideológicamente en la historia de la humanidad que el presente. En Occidente, y probablemente en el resto del mundo por efecto de la globalización y homogeneización de patrones culturales, vivimos en una sociedad sin ideologías. Daniel Bell lo vaticinó a mediados de la década de los setenta, y así ha sucedido, si bien no como él planteaba. El colapso de la Unión Soviética, la conversión de la utopía en una distopía, ha llevado a la quiebra intelectual e ideológica del marxismo. En realidad, la desaparición de la economía planificada acentuó unas tendencias emergentes en la sociedad:

- La pertenencia funcional de las clases medias y trabajadora al capitalismo.

- La desaparición de un marco ideológico definido y claro de conceptualización de alternativas o regulación del capitalismo.

- La bancarrota de la praxis socialdemócrata.

  Bell nos hablaba de una homegeneización de las ideologías, digamos de la búsqueda de un equilibrio ideológico no crítico con la realidad, del surgimiento de las ideologías de “centro”. Nada más lejos, las democracias liberales desarrolladas han llevado al surgimiento de bloques bipartidistas que se alternan en el ejercicio de la gobernanza, los cuales se suelen presentar respectivamente como representantes de “centro-izquierda” o “centro-derecha”. Sin embargo, esto es cierto en un nivel de análisis superficial.

  El final de la Unión Soviética, a nivel conceptual para la sociedad, simplemente ha conllevado una proyección del encuadre político que existía en aquel entonces, a una nueva situación en la cual, las ideologías de centro ganan peso y fuerza social en detrimento de los pensamientos extremistas:

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  No obstante, la cosmovisión del espectro ideológico anteriormente descrito, que es socialmente percibido como vigente, encubre una disparidad y riqueza ideológica mayor. El gran cambio de nuestra era reside en tres hechos:

- El fracaso de la Socialdemocracia como sistema de pensamiento ideocrítico. El reproche de Lenin hacia la Socialdemocracia consistía en poner en tela de juicio la capacidad de las políticas de redistribución de la renta y del Estado como un instrumento generador de igualdad y bienestar, y de ser capaz de hacer evolucionar el capitalismo hacia una sociedad sin clases (hubo un tiempo en el que el crecimiento de las clases medias parecían confirmar la hipótesis de Eduard Bernstein); cuando en realidad eran acciones pseudopaliativas (en sus palabras, “socialchovinistas”) para mantener el status quo del capitalismo y la lucha de clases bajo control. La caída de la Unión Soviética provocó implícitamente e inconscientemente la revisión de la política económica socialdemócrata, el fin ya no es alcanzar la sociedad sin clases y desigualdades, sino garantizar el funcionamiento del capitalismo, minimizando la participación, regulación y actividad del Estado y desarrollando acciones bálsamo para limar las asperezas sociales. En otras palabras, se adopta una política liberal con tintes sociales, de centro derecha, pero al ser resultado de un movimiento no deliberado y consciente, se mantiene el corpus discursivo de centro izquierda pre-colapso de la Unión Soviética.

- La aparición de una nueva ideología fascista no militarista: el Neoliberalismo. El cual se alberga y crece dentro del seno de los partidos conservadores liberales de centro derecha.

- El surgimiento del heterogéneo movimiento de la Nueva Izquierda.

  El crecimiento paulatino del malestar desde mediados de la década de los noventa hacia los bloques bipartidistas de la democracia liberal, debería avisarnos de que en realidad la fuente de insatisfacción no reside en la coyuntura económica o en el proyecto político de los partidos. Sino en que los votantes y la población desconoce a qué están votando y cuál es el proyecto político que en realidad demandan. Si tenemos en cuenta que grandes segmentos mantienen en su esquema mental la composición del espectro político de la época de la Unión Soviética, cuando en realidad queda conformado de la siguiente manera, podemos entender el origen de la desazón:

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  Analizando el anterior gráfico deberíamos concluir que estamos ante el fin de las ideologías, de las ideologías basadas en ideas y valores, y que hoy más que nunca, las ideologías son el resultado emergente de los estilos de vida.

 

Lo que te hace diferente son tus ideas

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